Las granjas lecheras de Nueva Zelanda enfrentan regulaciones más estrictas sobre el nitrógeno
La reciente decisión del Tribunal Ambiental de Nueva Zelanda ha puesto fin a un período de diez años de incertidumbre regulatoria para 167 granjas lecheras en la región de Horizons. Estas granjas, ubicadas en las cuencas de Whanganui, Manawatū-Rangitīkei y Tararua, están obligadas a reducir la lixiviación de nitrógeno en un 20% dentro de los próximos 12 meses, según el fallo del tribunal bajo el marco del Cambio de Plan 2 (PC2). Esta directiva viene con un estrecho plazo de dos años para el cumplimiento total.
Las granjas deben presentar solicitudes de consentimiento de recursos completas al Consejo Regional de Horizons, demostrando su capacidad para cumplir con estos estrictos objetivos de mitigación ambiental. El Camino de Reducción Especificado (SRP) establece los criterios, exigiendo una reducción significativa ya sea desde un punto de referencia de 2012 o por debajo del percentil 75 de lixiviación de nitrógeno en sus respectivas cuencas.
Esta situación surgió en 2015 cuando una actualización del software de la plataforma de modelado de nutrientes de Nueva Zelanda, Overseer, resultó en un aumento del 60% en las pérdidas estimadas de nitrógeno, a pesar de las prácticas de gestión agrícola estáticas. Esto llevó a una prolongada disputa legal que involucró a las autoridades regionales, Federated Farmers y grupos ambientalistas.
Los agricultores ahora están considerando medidas drásticas para cumplir con estas nuevas regulaciones. Ian Strahan, presidente de Federated Farmers Manawatū-Rangitīkei, señaló que opciones como reducir el número de vacas, cambiar a ordeño una vez al día o disminuir el uso de fertilizantes sintéticos podrían afectar la viabilidad económica. Estos cambios son necesarios para lograr las reducciones de nitrógeno ordenadas por el tribunal.
Los cambios regulatorios coinciden con una revisión nacional más amplia de la Ley de Gestión de Recursos de Nueva Zelanda, que podría introducir nuevas directivas sobre la calidad del agua dulce. Esto añade una capa adicional de complejidad para los productores lecheros, a quienes se les alienta a proceder con sus solicitudes de consentimiento para asegurar el cumplimiento tanto con las regulaciones actuales como futuras.
El resultado de este fallo judicial se considera un momento decisivo para el cumplimiento ambiental en la industria lechera de Nueva Zelanda, obligando a las granjas a adaptarse rápidamente para cumplir con los objetivos ambientales mientras enfrentan desafíos económicos.



