Indonesia y Tailandia se suman a la alianza Global Halal Mark, liderada por Arabia Saudí
Arabia Saudí y el Consejo de Cooperación del Golfo buscan una mayor armonización de los requisitos halal en un mercado caracterizado por normas nacionales independientes, entidades certificadoras que compiten entre sí y distintas interpretaciones religiosas. El Centro Halal Saudí señala que su marco pretende simplificar el comercio internacional y ayudar a las empresas a ampliar sus exportaciones. El mercado abarca mucho más que los alimentos: la American Halal Foundation, que cita informes de analistas, sitúa el valor actual del mercado halal mundial por encima de los 7 billones de dólares y prevé que alcance los 10 billones de dólares en 2030. El Directorio Mundial de Certificadoras Halal recoge 192 entidades certificadoras en 73 países, que operan con arreglo a distintas normativas nacionales, interpretaciones religiosas y exigencias de acreditación.
Miran Ismael, auditor principal del Centro Europeo de Certificación Halal, prevé que los esfuerzos de armonización del Golfo tengan escaso efecto en el mercado mundial de alimentos halal, que considera sustancialmente mayor que el de Oriente Medio por sí solo. Cada Estado del Golfo mantiene su propia norma halal como parte de su marco regulatorio y económico, explica, lo que dificulta un acuerdo regional. Nandini Roy Choudhury, analista sénior de Future Market Insights, describe el sistema actual como costoso y administrativamente complejo para los fabricantes: la aprobación en un destino no impide que un producto siga necesitando certificaciones, inspecciones o trámites adicionales en otros mercados. Según su evaluación, incluso una armonización limitada al Golfo podría eliminar auditorías repetidas, acelerar la entrada en los mercados y reforzar el papel de Arabia Saudí como puerta de entrada de productos halal destinados al conjunto de Oriente Medio. No obstante, prevé que persistan las diferencias en materia de interpretación religiosa, requisitos de sacrificio, acreditación y normativa nacional.
Los desacuerdos afectan, entre otros aspectos, al aturdimiento de los animales, los procedimientos de sacrificio y las condiciones de certificación. Ismael señala que las normas europeas ponen especial énfasis en el bienestar animal, con requisitos estrictos que regulan el aturdimiento y el sacrificio. Las grandes cadenas minoristas europeas exigen cada vez más estándares elevados de bienestar para las aves de corral, mientras que la normativa veterinaria puede dificultar el cumplimiento simultáneo de distintas normas halal. El reconocimiento también implica cuestiones de autoridad religiosa y política. Ismael observa que Indonesia y Malasia se consideran autoridades de referencia en la certificación halal mundial; a su juicio, es necesario un acuerdo político entre los principales mercados halal antes de avanzar hacia una armonización técnica sustancial. Otros analistas citados en el artículo también identifican posibles dificultades de reconocimiento cuando la certificación está supervisada por autoridades religiosas distintas de aquellas en las que se basa el sistema saudí.
Azmi Anees, jefe de gabinete de la American Halal Foundation, prevé que el sello Halal Saudí repercuta en las empresas estadounidenses. Afirma que la mayor parte de la producción de alimentos y complementos alimenticios halal destinada a Arabia Saudí y Oriente Medio tiene lugar en Estados Unidos. Por ello, exigir que todas las exportaciones destinadas a Arabia Saudí lleven un logotipo estandarizado podría generar tareas regulatorias y de etiquetado adicionales para los fabricantes estadounidenses, señala. Los exportadores ya suelen elegir a las entidades certificadoras en función de sus destinos previstos y de los requisitos de esos mercados. Anees identifica la carne de vacuno y la de aves de corral como ámbitos con diferencias especialmente acusadas. Solo un pequeño número de entidades certificadoras norteamericanas cumple las normas para la carne de vacuno y de aves de corral del Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia (JAKIM), al que describe como una de las autoridades halal de mayor trayectoria. Algunas normas halal internacionales prohíben el aturdimiento en la producción de carne de vacuno, mientras que otras entidades certificadoras aprueban instalaciones basándose en interpretaciones más permisivas. Por consiguiente, los exportadores necesitan una entidad certificadora reconocida en los mercados de mayoría musulmana a los que pretenden abastecer.
La iniciativa saudí también incorpora principios ambientales, sociales y de gobernanza a la certificación halal. Choudhury señala que la certificación se ha centrado tradicionalmente en los ingredientes, el procesamiento, el sacrificio y la prevención del contacto con sustancias prohibidas. Describe el enfoque emergente mediante el concepto de halal y tayyib, que engloba productos permitidos, saludables, seguros, producidos de manera responsable y gestionados éticamente. Los observadores del sector consideran que las disposiciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) podrían aumentar el atractivo del sello saudí para los exportadores internacionales. Sin embargo, Choudhury advierte de que la falta de claridad en las auditorías y en la divulgación de información podría complicar el cumplimiento o suscitar inquietudes sobre el lavado de imagen verde. Su evaluación vincula este enfoque más amplio de la certificación tanto con los requisitos de sostenibilidad como con el acceso a los mercados de exportación.
Los analistas citados en el artículo prevén margen para una mayor armonización a medida que se estrechen las relaciones comerciales, se extienda el reconocimiento y los exportadores busquen procedimientos de certificación más sencillos. Anees sostiene que un sistema ampliamente aceptado exigiría que los reguladores y las entidades certificadoras elaborasen requisitos aceptables para todos los principales grupos de consumidores halal. Cree que ese sistema acabará surgiendo, pero prevé que el proceso lleve tiempo. Choudhury considera más realista un modelo por niveles: unas normas técnicas de referencia internacional coexistirían con marcos regionales, incluidos los utilizados en el Golfo, mientras que las autoridades nacionales conservarían la responsabilidad de reconocer los certificados y autorizar el acceso al mercado. Los gobiernos pueden considerar la acreditación halal una expresión de autoridad religiosa, regulación alimentaria y soberanía nacional, explica. Ismael, en cambio, considera improbable una norma mundial única a corto plazo debido a las importantes diferencias teológicas y de jurisprudencia islámica entre las comunidades musulmanas. Compara la situación con la certificación kosher, en la que un único sistema de certificación religiosa no satisface a todos los grupos de consumidores.
Choudhury identifica varias pruebas prácticas para la armonización: el acuerdo entre los reguladores sobre las condiciones técnicas básicas; el reconocimiento mutuo de las entidades certificadoras por parte de los principales países importadores; la verificación digital de los certificados y los registros de la cadena de suministro; y ahorros de costes demostrables para los fabricantes. La confianza de los consumidores sería otro requisito. En su opinión, los consumidores musulmanes tendrían que confiar en que un sello común ha mejorado la coherencia sin menoscabar los requisitos religiosos. Los observadores también señalan que la disposición de Arabia Saudí a invertir capital político, financiación y esfuerzos diplomáticos para obtener respaldo internacional será un factor que influirá en las perspectivas de la iniciativa.




