Impacto del Estrés por Calor en Vacas Lecheras de Parto en Otoño
Las recientes olas de calor en Irlanda han planteado desafíos significativos para las operaciones lecheras de parto en otoño. Los expertos han señalado que el estrés por calor del verano ha comprometido la calidad del calostro, aumentando el riesgo de fiebre de la leche y afectando las tasas de crecimiento de los terneros recién nacidos. Nia Williams, gerente técnica de ganado en Nettex, destacó que las vacas que experimentan estrés inducido por el calor, que puede variar desde una deshidratación leve hasta un golpe de calor severo, sufren daños sistémicos que ponen en peligro a sus crías.
Las vacas estresadas por el calor enfrentan interrupciones en la ingesta de alimento, mayor vulnerabilidad a infecciones como la neumonía y problemas en el desarrollo de la glándula mamaria. Estas condiciones conducen a una capacidad reducida para producir calostro de alta calidad, crucial para la inmunidad de los terneros recién nacidos. Los terneros nacidos de estas vacas a menudo son más ligeros al nacer y muestran un crecimiento atrofiado tanto antes como después del destete. También son más susceptibles a diarreas en etapa temprana, reflejos de succión deficientes, baja vitalidad y respiración con la boca abierta.
Teagasc, una autoridad agrícola, recomienda administrar 3 litros de calostro dentro de las primeras dos horas después del nacimiento, extraído del primer ordeño de la vaca, para maximizar la absorción de inmunoglobulinas. La gestión de la calidad del calostro implica el uso de herramientas de medición precisas en la granja, ya que la condición de la madre antes del parto puede afectar la densidad de anticuerpos. Animal Health Ireland requiere que el calostro registre un umbral mínimo del 22% en un refractómetro Brix. Si el calostro tiene un puntaje inferior a esto, aún puede ser utilizado como alimento nutricional para las alimentaciones subsiguientes.
Además, las pruebas diagnósticas de sangre en terneros de entre uno y siete días pueden monitorear la adquisición exitosa de inmunidad pasiva de anticuerpos. Durante el proceso de parto, las vacas pueden perder cantidades significativas de fluidos esenciales, lo que lleva a deshidratación severa y mayores riesgos de enfermedades metabólicas como la fiebre de la leche, junto con deficiencias de zinc, selenio y cobre.
Para abordar estos desafíos, los gerentes de rebaños están empleando apoyo nutricional post-parto, incluyendo bolos orales, inyecciones de minerales y formulaciones de electrolitos. Monitorear el Puntaje de Condición Corporal (BCS) del rebaño también es crucial, ya que sirve como una póliza de seguro contra balances energéticos negativos. Las vacas no deben tener un BCS inferior a 2.75 al entrar en su período seco, ya que una caída en el BCS durante la lactancia puede llevar a deficiencias minerales prolongadas y afectar la producción económica del sistema lechero.



