Cómo congelar queso: Lo que se puede y no se puede congelar
Congelar queso suele considerarse una solución práctica para quienes compran en grandes cantidades o buscan aprovechar al máximo una promoción. Sin embargo, la adecuación de diferentes tipos de queso para congelar varía significativamente.
La regla general es que cuanto más duro y bajo en humedad sea un queso, mejor se conservará en el congelador. Ejemplos de quesos que se pueden congelar sin muchos problemas incluyen variedades duras y firmes como el cheddar, el gouda y el parmesano. Estos quesos, especialmente cuando se rallan o se cortan en pequeños trozos, mantienen bien su textura y sabor después de ser congelados.
Los quesos semi-duros también toleran la congelación, pero requieren un empaquetado hermético para evitar que se sequen. Esto es particularmente cierto para los quesos cremosos que han sido divididos en porciones más pequeñas antes de ser almacenados en el congelador.
En contraste, los quesos frescos como la ricotta y el requesón pueden congelarse, aunque pueden volverse más acuosos al descongelarse. A pesar de este cambio en la textura, su sabor generalmente permanece inalterado.
Por otro lado, los quesos blandos no deben congelarse, ya que no manejan bien las bajas temperaturas. Variedades como el brie y el queso de cabra pueden perder su sabor y cristalizarse debido a problemas de humedad. De manera similar, los quesos azules y los quesos para untar pueden perder su cremosidad característica si se congelan.
Para aquellos que eligen congelar variedades de queso adecuadas, se recomienda envolverlos en papel antes de almacenarlos para asegurar una congelación uniforme. Independientemente del método de conservación, cualquier queso con un olor desagradable, moho visible, decoloración o un sabor extraño no debe ser consumido.



