Una granja neerlandesa produce aproximadamente cuatro millones de litros de leche con 350 vacas
Mathijs Meiser y su pareja, Florien Bleijenberg, gestionan la explotación de 200 hectáreas junto con los padres de Meiser, Bennie y Elly. La leche tiene un contenido de grasa del 4,5% y de proteína del 3,5%. Meiser evalúa el gasto en tecnología en función de cambios medibles en los costes operativos, la salud animal o la producción. Para la cosecha de hierba y la elaboración de ensilado, la familia utiliza tractores guiados por un sistema de posicionamiento global (GPS) para que la maquinaria circule siempre por las mismas rodadas. Meiser atribuye a esta práctica un aumento de aproximadamente entre el 10% y el 15% en el rendimiento de los pastos.
El seguimiento de los animales combina collares Nedap SmartTag con cámaras SmartSight para identificar las vacas que requieren atención, incluidas las que presentan signos de cojera. Antes, Meiser realizaba el recorte de pezuñas de todo el rebaño dos veces al año. Ahora, el seguimiento le permite seleccionar los animales que necesitan tratamiento, lo que reduce las necesidades de mano de obra y evita intervenciones innecesarias. El sistema facilita la vigilancia individual en una explotación donde resulta difícil observar continuamente a cada vaca. Meiser también está considerando ampliar sus funciones para incluir alertas de estrés térmico.
Meiser concede más importancia a la leche producida durante toda la vida de una vaca que a maximizar su producción anual. Considera que la producción anual por animal podría alcanzar entre 12.000 y 13.000 kg, pero advierte de que buscar rendimientos más altos de forma demasiado intensa podría acortar la vida productiva y exigir más animales de reposición. Estima que la producción vitalicia en la explotación ronda los 64.000 kg por vaca, frente a una media neerlandesa de aproximadamente 36.000 kg citada en el reportaje. Un animal ha seguido en producción hasta su decimoquinto año de vida y ha acumulado aproximadamente 182.000 kg de leche. El rebaño registra una media de unos 328 días en lactación. El primer parto tiene lugar aproximadamente a los 21 meses, unos cuatro meses antes que la media nacional citada en el reportaje.
Las vacas reciben alimento dos veces al día. Su ración diaria aporta aproximadamente 6 kg de materia seca mediante ensilado de hierba, 8 kg mediante maíz y 5,5 kg mediante concentrados. Meiser pretende aumentar la proporción de forrajes en la dieta de alrededor del 60% al 75%, reduciendo al mismo tiempo el uso de concentrados. La mezcla de concentrados contiene, entre otros ingredientes, residuos de remolacha azucarera y cebada cervecera. Su estrategia de alimentación pone el énfasis en la salud del rumen y el uso eficiente de los recursos. El reportaje señala que la calidad del forraje, la digestibilidad, los niveles de producción y las necesidades nutricionales determinan el equilibrio entre forrajes y concentrados, y que es necesario garantizar un aporte adecuado de energía, proteína y fibra al modificar la ración.
Durante las olas de calor del verano, las temperaturas alcanzaron los 36 °C y la familia utilizó ventiladores y aspersores para mantener el bienestar de los animales. Según el reportaje, la producción de leche disminuyó aproximadamente un litro por vaca durante el periodo de calor. Los animales también se movían menos, mientras que el reblandecimiento de las pezuñas contribuyó a agravar los problemas de cojera. Las alertas de estrés térmico que se están valorando permitirían activar los equipos de refrigeración cuando los animales lo necesiten. Meiser considera incorporar esta función al sistema de seguimiento de la explotación, junto con las funciones de salud animal ya existentes.
La expansión se ve limitada por el elevado precio de la tierra y las restricciones gubernamentales al número de bovinos. El reportaje sitúa el precio de las tierras agrícolas en aproximadamente 200.000 dólares neozelandeses por hectárea y los derechos para mantener ganado en unos 30.000 dólares neozelandeses por vaca. La gestión del estiércol supone un gasto adicional. La explotación separa los sólidos del purín y almacena la fracción líquida en un depósito con capacidad para 6.000 metros cúbicos. Los límites a la aplicación de nitrógeno restringen la cantidad que puede esparcirse en las tierras. Cualquier excedente debe trasladarse a otro lugar o someterse a tratamiento.
Bleijenberg se encarga de la cría de los terneros, que reciben leche durante 114 días. La familia considera que la inversión en animales jóvenes favorece una transición más fluida hacia una dieta basada en pasto y permite que estén preparados antes para la reproducción. Este manejo durante las primeras etapas de vida se suma a las prácticas de alimentación, reproducción y seguimiento sanitario de la explotación, con las que la familia busca mantener a los animales productivos durante más tiempo.




