Cierre de la cooperativa lechera más antigua de Uruguay destaca los desafíos de la industria
Coleme, la cooperativa lechera más antigua de Uruguay, ha cerrado oficialmente sus puertas tras enfrentar desafíos económicos persistentes. La cooperativa, que había estado en funcionamiento durante más de 90 años en la región de Cerro Largo, experimentó una reducción significativa en el número de sus proveedores de leche en los últimos años. En su apogeo, Coleme contaba con más de 70 productores entre sus proveedores, pero este número se redujo a solo 12 en el momento del cierre.
La disminución en el número de productores fue acompañada por una reducción en el volumen de leche procesada, afectando en última instancia la viabilidad financiera de la cooperativa. Boris Revello, una figura clave en la cooperativa, destacó públicamente los problemas de déficit que enfrentaba Coleme ya en 2024, enfatizando la necesidad de una reestructuración sustancial para evitar el cierre. "De lo contrario, no hay otra opción que cerrar", había afirmado.
Los esfuerzos para salvar la cooperativa incluyeron negociaciones con un inversor argentino que mostró interés en adquirir el negocio. Sin embargo, estas discusiones no resultaron en una transacción exitosa, y la cooperativa no pudo superar sus desafíos financieros.
El cierre de Coleme señala una tendencia más amplia que afecta a las pequeñas cooperativas y plantas regionales en Uruguay, que luchan por mantener la escala, asegurar materias primas y competir en un mercado cada vez más consolidado. El fin de las operaciones de Coleme marca la pérdida de una institución histórica en la industria lechera de Uruguay.
La disolución de la cooperativa es un golpe para la economía regional y refleja las crecientes dificultades que enfrentan los pequeños productores lecheros en el país. A medida que el mercado se concentra más, estas entidades más pequeñas encuentran más difícil sobrevivir sin cambios significativos o apoyo externo.



